La sexualidad humana es un don precioso diseñado para un hombre y una mujer dentro del contexto del matrimonio. De hecho, Dios nos equipó con el potencial de un placer tan intenso para crear una unión poderosa entre esposo y esposa. Pero el sexo ha sido distorsionado por una cultura que a menudo tiende a remover el lazo del matrimonio y le resta valor al matrimonio, enseñando a nuestros hijos que "cualquier cosa es aceptable... siempre y cuando no le hagas daño a nadie." Sin embargo, las consecuencias de devaluar la sexualidad que Dios nos ha dado para el matrimonio trae consecuencias dolorosas para los individuos involucrados, para las familias y para la sociedad